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Estudio de crecimiento 18-2018

apostol
José Rodriguez
April 30, 2018

Estudio de crecimiento 18-2018

El miedo y la fe nos piden lo mismo—que le demos nuestra confianza—pero nosotros decidimos a quien se la damos.  Podemos depositar nuestra confianza en el miedo y entonces nos va a acontecer lo que tememos (Job 3:25), pero si depositamos nuestra confianza en la fe vamos a ver los milagros gloriosos de Dios acontecer en  nuestras vidas (Mt. 9:29). En Marcos 16:17-18  dice “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán  nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.” Señales de sanidades, milagros,  prosperidad y liberación nos van a seguir, porque creemos en el  nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Algunas veces creemos que porque hemos errado, las señales ya no nos van a seguir; Dios no necesita que seamos perfectos para hacer milagros en nuestra vida, lo que él necesita es que creamos. Cuando Dios nos da una unción, no nos la quita porque hayamos fallado; no hay ningún pecado que pueda arrancarnos la unción que hemos recibido. Esto no quiere decir que podemos pecar deliberadamente, porque recordemos que la paga del pecado es muerte; si le hemos fallado a Dios, arrepintámonos y cambiemos nuestra forma de vida, no  creamos la mentira del diablo que dice: “Como pecaste, ya no tienes esperanza, ya no tienes salida”; claro que hay salida, si confesamos nuestro pecado, Dios es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de todo mal (1 Jn. 1:9). Pero entendamos la unción que Dios nos ha dado, permanece en nosotros  (1 Jn. 2:27).

El único impedimento para que las señales no nos sigan es que no creamos; pero sigamos el consejo del rey David cuando el sentía que su fe flaqueaba. El se levantaba y decía: “Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. El es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias; El que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila.” (Sal. 103:1-4).

¡Entonces su fe era afirmada y lo mismo pasara en nosotros!

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