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Estudio de crecimiento 23-2019

apostol
José Rodriguez
June 5, 2019

Estudio de crecimiento 23-2019

“Y salió el varón hacia el oriente, llevando un cordel en su mano; y midió mil codos, y me hizo pasar por las aguas hasta los tobillos. Midió otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta las rodillas. Midió luego otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta los lomos. Midió otros mil, y era ya un río que yo no podía pasar, porque las aguas habían crecido de manera que el río no se podía pasar sino a nado.” Ez. 47:3-5

Hoy cerramos una serie de cuatro estudios que nos ayudaran a avanzar; a no estancarnos. Iniciamos en la tierra seca (estéril, improductiva) y entramos al río de Dios hasta los tobillos (inicio, sin compromiso), después hasta las rodillas (humillación, quebrantamiento) y los lomos (compromiso); pero ahora vamos hasta otro nivel: Nadar.

La vida cristiana es un proceso de constante crecimiento. Lo primero que hay que hacer para nadar es, aprender a flotar. Cuando flotamos no nos ahogamos, pero tampoco avanzamos. Una vez que aprendemos a flotar, debemos aprender a mover los brazos y pies para impulsarnos y avanzar hacia la profundidad, en donde están las maravillas que Dios ha  preparado para nosotros (1 Cor. 2:9).

Hay algunos factores que impiden que aprendamos a nadar, pero el principal es desobediencia a las instrucciones del entrenador. Dios nos da sus instrucciones por medio de su Palabra y también por medio de sus profetas. Naamán recibió las instrucciones de Eliseo para ser sano; pero fue sano hasta que obedeció (2 Reyes 5). Dios nos da sus instrucciones y, cuando obedecemos, avanzamos ¡Nadar en el río de Dios es sinónimo de obediencia! Otro factor, para no aprender a nadar, es la falta de perseverancia. José fue vendido por sus hermanos, llevado como esclavo a Egipto, acusado y encarcelado injustamente; pero perseveró en las   enseñanzas de su padre, resistió la tentación, nunca se quejó, aunque quizá, en su momento, no entendía porque estaba en esas circunstancias; pero Dios lo honró por su perseverancia, llegó a ser el gobernador de Egipto y salvó a su familia de morir de hambre (Gn. 37-47). Otro factor que nos estorba para aprender a nadar es la conformidad, como ya flotamos, no nos ahogamos; no nos interesa avanzar. Pero la Palabra de Dios, en Sofonías 1:12, nos urge a no permanecer estáticos, a avanzar, a comprometernos, a nadar en el río; a salir de la comodidad y vivir en constante crecimiento ¡Vamos por más!

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