
En la vida de cada hombre llega un momento en que la fuerza humana no basta. Ni el trabajo, ni el dinero, ni el éxito llenan ese espacio interior que solo Dios puede ocupar. Un encuentro con Él no es un retiro más… es un reinicio del alma.
1. Porque llevamos más peso del que admitimos
Muchos hombres aprenden a callar sus luchas. Son proveedores, padres, líderes, pero también seres humanos que se cansan, que dudan y que a veces se sienten solos. Un encuentro con Dios no te hace débil, te recuerda que no tienes que cargar todo solo.
Él renueva tu fuerza cuando sientes que ya no puedes más.
2. Porque necesitamos volver al diseño original
Dios no creó al hombre solo para sobrevivir, sino para liderar con amor, fe y propósito. En un encuentro con Él, el corazón se alinea nuevamente con ese diseño. No se trata de religión, sino de reconectar con el propósito para el cual fuiste creado.
3. Porque el liderazgo comienza en el corazón
Ser cabeza de familia no es cuestión de control, es cuestión de ejemplo. Y ese ejemplo solo puede nacer de un corazón transformado por Dios. Cuando un hombre cambia, su casa cambia. Cuando se rinde ante Dios, su familia se levanta.
4. Porque Dios sigue llamando a los hombres
A lo largo de la historia, Dios siempre ha levantado hombres que deciden dar un paso al frente: Abraham, Moisés, Josué, David…
Hoy Él sigue buscando hombres así: dispuestos, valientes y sensibles a Su voz.
Este encuentro no es casualidad. Es una cita divina para quienes están listos para avanzar.
Encuentro de Varones 2025
Un encuentro con Dios no cambia solo una vida…Cambia generaciones. Este puede ser el momento que marque tu historia y la de tu familia.