
José Rodríguez
April 23, 2026
Estudio Bíblico Semana 17 – 2026

¡DIOS, YO REFLEJO TU GRANDEZA !
No puedes reconstruir afuera lo que está roto adentro
Nehemías entendió que la restauración exterior no sirve de nada, si el corazón está en ruina (duda, desconfianza, indiferencia). ¡Necesitamos que nuestro corazón salga de la ruina! ¿Qué debemos hacer para que nuestro corazón salga de la ruina? Orar: Dios, tu sabes por lo que estoy pasando, tu sabes que estoy pensando, tu sabes lo que estoy sintiendo, por favor ayúdame, en el nombre de Jesús.
Aunque Nehemías no nació en Jerusalén, era una persona de influencia que tenía acceso directo al rey, Cuando oyó las malas noticias de lo que estaba pasando en Jerusalén, se puso tan triste que pasó cuatro meses orando y llorando delante de la presencia de Dios, intercediendo y pidiéndole a Dios sabiduría para saber qué hacer por su pueblo. Nehemías se dio cuenta de que para restaurar los muros, que eran la protección física, primero había que restaurar la fe, la confianza y los recursos del pueblo. Necesitamos restaurar la unidad, la amistad, la relación, la alegría para hacer la voluntad de Dios que es buena, agradable y perfecta.
Lo que le dio el triunfo a Nehemías fue: 11– SE PUSO A ORAR . 2 2– Avivó su espíritu para creer que podía reconstruir los muros de Jerusalén. ¡AVIVATE! ¿Cómo empezó esta restauración? El pueblo se reunió y confesaron sus pecados a Dios, y entonces pudieron terminar la reconstrucción de los muros, porque si confesamos nuestro pecado y pedimos ayuda a Dios para apartarnos del pecado seremos libre de la maldición, de lo contrario ese pecado nos está pudriendo. Salmos 32:1(NTV) nos dice: ““¡Oh, qué alegría para aquellos a quienes se les perdona la desobediencia, a quienes se les cubre su pecado! Sí, ¡qué alegría para aquellos a quienes el Señor les borró la culpa de su cuenta, los que llevan una vida de total transparencia! Mientras me negué a confesar mi pecado, mi cuerpo se consumió, y gemía todo el día. Día y noche tu mano de disciplina pesaba sobre mí; mi fuerza se evaporó como agua al calor del verano. Finalmente te confesé todos mis pecados y ya no intenté ocultar mi culpa. Me dije: «LE CONFESARÉ MIS REBELIONES AL SEÑOR», ¡y tú me perdonaste! Toda mi culpa desapareció.” Me atrevo a creer que lo que está roto se puede restaurar.

Escrito por: Dr. José Rodríguez | Editado por: Pra. Rossy Lara
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